SANTA CRUZ
PARROQUIA SANTA CRUZ - CHIMBOTE
EN SANTA CRUZ, AL ENCUENTRO CON LOS DEMÁS CON JESÚS EUCARISTÍA

 
REFELEXIÓN DEL XVII DEL DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
"SEÑOR ENSEÑANOS A ORAR"
 
            La primera oración larga que aprendimos de niños, y que todavía rezamos con más frecuencia, es sin duda el "Padre Nuestro". ¿Es esa oración para nosotros más que una simple fórmula? ¿Es para nosotros, como lo fue para Jesús, una palabra de afecto y de ternura, y un grito de confianza y de relación íntima con Dios Padre? --- Estamos aquí ahora con Jesús ante nuestro Padre del cielo y, sintiendo al Espíritu en nuestros corazones, clamamos gozosos y confiados: "Padre, Padre nuestro". Por ello en este domingo las lecturas están muy enfocadas a la Oración, en la que le pedimos a nuestro Padre bueno que sea el quien nos conceda las gracias y bendiciones que más necesitamos:
 
            En la primera lectura tomada del Libro del Génesis; se nos muestra la calidad de la verdadera fe, la solidaridad con los hombres y la historia. Ante la oración insistente de Abraham, el Dios justo está dispuesto a perdonar a las ciudades pecadoras en consideración a un puñado de gente buena y justa.
 
            El Apóstol Pablo en la segunda lectura en su carta a la Comunidad de los Colosenses, nos recuerda que el cristiano está unido a Cristo, muerto y resucitado, pues por medio del bautismo, es en esa unión en la que encuentra la verdadera vida que da sentido a su caminar en la historia.
 
            En el evangelio de hoy Lucas; nos dice que Cristo nos transmite su experiencia de oración ante el Padre. La bella y hermosa oración del Padrenuestro es un camino y una propuesta para todo creyente que, con constancia y empeño, quiere realizar su misión en la tierra. Antes de que Jesús enseñara a sus discípulos cómo y por qué orar, se revela a ellos como un hombre de oración.
 
            En la reflexión de hoy tendríamos que rescatar que la oración es el alimento y el oxigeno del alma del cristiano, del verdadero y autentico discípulo y misionero del Señoor. Sin embargo hoy rezamos poco y hemos dejado de lado nuestra intimo dialogo con Dios y nos dedicamos a muchas otras cosas que nos alejan de estar un tiempo con el Señor. No sentimos a Dios cercano, benévolo, etc. Por ello para rezar con acierto hay que evitar en nuestra vida algunos riesgos, Jesús nos enseñaa la oracilan de la confianza filial y del amor; es la oración de los hijos e hijas y de los hermanos; el Padrenuestro. En ella descubrimos que Dios es un Padre al que podemos acudir con absoluta confianza.
Habrá que sacarnos de la cabeza las imágenes que muchas veces le damos a Dios, que poco y nada tienen que ver con Él:
  • El Dios salvavidas; es el típico recurso ante las dificultades que nos ahogan, entonces se busca un salvavidas para salir a flote, pasada ya la dificultad ya no es necesario.
  • El Dios mago; como es el todopoderoso, está en las condiciones de satisfacer mis deseos, cuando no lo hace no me sirve, es como la famosa queja en la que yo rezo y Dios no me escucha.
  • El Dios castigador; cuando nos golpea la adversidad, la enfermedad y otros males, solemos decir, no sé por qué me castiga y no advertimos que estamos proyectando en Dios nuestros propios sentimientos de culpa.
  • El Dios paternalista; como es mi Padre entonces tiene que dar lo mejor por sus hijos y dejar que yo siga como me de la gana sin dejar que me lleve a una reflexión.
            Ello no es el Dios cristiano, no es el Dios de Jesucristo, por ello así como los discípulos le piden que les enseñe a orar, Él nos anima a rezar a un Dios que es Padre. Tenemos la formula perfecta, por ello en las tres primeras peticiones contienen cuanto debemos desear para la gloria de Dios, y las otras cuatro cubren nuestras necesidades materiales y espirituales.
Basta superar la rutina y rezarlo con plena conciencia, dejando que esas frases rieguen nuestra alma, y así como Abraham; el de tener una oración insistente y confiada, la de Pablo, Cristo Nuestro Mediador y la de Lucas, en la que los Hijos que Hablan a su Padre.
 
 
 
 
 
REFLEXIÓN DEL XVIII DEL DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
"SER RICOS PARA DIOS"
 
            En este día el Señor de la Vida, nos encamina en la experiencia de Jesús en la que aprovecha la situación que le presentan para ponernos en guardia contra el ansia del poseer más que los demás. Por medio de una parábola nos da a conocer que todo no esta en el poseer y en el enriquecernos con los bienes materiales, sino más bien que nos muestra en el dar un verdadero sentido a nuestras vidas.
 
            El Libro del Eclesiastés; nos da a conocer la sabiduría del Qohelet nos confronta con nuestras ideas y opciones sobre el sentido de la vida, en la que no corramos tras lo superficial y lo aparente, ya que ello es pura vanidad de vanidades.
 
            Pablo en la carta a los Colosenses; nos muestra las consecuencias del bautismo: la comunión con Cristo que rompe las barreras y nos hace hermanos con la humanidad.
 
            En el Evangelio de hoy Lucas; nos hace la invitación a vivir en libertad frente a lo pasajero y relativo, y en solidaridad con los excluidos y marginados de la historia.
 
            Por ello en esta reflexión, Jesús nos recomienda que nos cuidemos de toda avaricia y nos recuerda que nuestra vida no está asegurada por las riquezas que el mundo nos puede mostrar. Ya que la Biblia no condena el justo interés por cubrir nuestras necesidades materiales, tampoco el justo deseo de progresar; sino mas bien condena la codicia y la avaricia que son una forma de idolatría.
Jesús nos dirá hoy día que nadie se lleva nada consigo después de la muerte, siendo así que el rico de la parábola se equivoco en el organizar su vida al margen de Dios y de sus semejantes. Convirtió sus cosas en fincas, cosechas, almacenes, dinero, buena vida, en el Dios de su existencia ego?sta y solitaria. 
Por ello el que usa las manos sólo para tener y retener, no ha gustado el mayor de los goces; el dar y compartir.
 
            Pero cabe preguntarnos si es que ha ¿Dios le interesan las cosas temporales? ¿Le importa el bienestar material del hombre? ¿Tiene un valor religioso la preocupación por lograr un mundo mas justo, donde no falte el pan en ninguna mesa y haya igualdad de oportunidades para todos, con especial protección al disminuido y al desvalido? ?Es lícito progresar en la vida? ¿Tener dinero, ser rico?
 
            Tenemos que Jesús, al insistirnos en que nos cuidemos de toda avaricia y al recordarnos cuán precaria es nuestra existencia en este mundo, nos estimula más bien a ver las cosas materiales como puros "medios"·, como instrumentos y no como fines de la existencia de cada uno de nosotros en esta tierra.
Más bien nos ensena que es insensato el que acumula riquezas para sí y no es rico a los ojos de Dios.
 
            En este Domingo, se nos invita a encarar la pregunta sobre el gran sentido y el valor de todos nuestros esfuerzos.  ¿Para qué trabajamos? ¿Para qué buscamos ampliar nuestros negocios? ¿Para qué compramos más y más cosas?
 
            Cuánta serenidad traerá a nuestra vida una respuesta muy sabía en darlo todo a los más pobres, ya que dichoso quien, mientras gana su pan acrecienta sus bienes, y saber hacer de ello una ocasión de servicio al prójimo, de cooperación con el Dios Creador para que los hermanos sufran menos.
Ya que hay mas alegría en dar que en el recibir y no ser servido sino venir y servir, con mucho amor a los mas pobres de entre los pobres.
 
 
 
 
REFLEXIÓN DEL XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
"ESTÁN LISTOS EN LA FE"
 
            Hoy la liturgia de este Domingo nos invita a que estemos bien preparados en nuestra fe, en la que profesamos cada uno de nosotros los hijos e hijas de Dios.
Sorprende cómo mucha gente vive con temor, miedo a la enfermedad, miedo a perder sus seres queridos, miedo a la propia muerte, miedo del hoy, miedo del mañana. Jesús nos tranquiliza: ¡No teman! ¡No pierdan la esperanza! ¡Tengan fe!. Incluso cuando atravesamos días difíciles, no habríamos de perder nunca nuestra fe y esperanza; deberíamos estar siempre alertas a la venida amorosa del Señor en medio de nosotros.
 
            En la primera lectura del Libro de la Sabiduría; se nos recuerda el confiar en las Promesas de Dios. Cuando el pueblo de Dios tenía que pasar por pruebas y dificultades, recordaba siempre la noche de la primera Pascua, cuando Dios los liberá de la esclavitud de Egipto.
 
            En la carta a los Hebreos, en la segunda lectura, se nos da a conocer que Abrahán se convirtió en peregrino de la fe, porque confió en las promesas de Dios. él es nuestro modelo, aun cuando como él no veamos a dónde nos lleva Dios. Siendo nuestro padre en la Fe.
 
            En el evangelio de hoy Lucas; nos recuerda que debemos estar preparados para la Venida del Señor; puestos que nuestra fe deberá ser tan firme que nos hiciera confiar en la palabra de Jesús y estar dispuestos a encontrarnos con él en cualquier momento.
 
            Pues en estos tiempos tan difíciles de nuestra vida cristiana como que nuestra fe se ha ido decayendo cada vez más y no ponemos nuestra mirada atenta y fija en la escucha de la palabra de Dios que nos transmite vida y la que nos da Vida pero vida en abundancia.
Por ello debemos pedirle cada día al Señor de la Vida que sea él quien nos ayude a acrecentar mas nuestra fe; a ser esos portadores de amor en la que nuestra fe que profesamos no sea en vana; sino que lo hagamos vida en mi comunidad, familia, centro de estudios, trabajo y en el que yo me desenvuelva, para que así en la Profesión del Credo, podamos repetir esas palabras que nos dan vida y que nos animan a seguir caminando con Jesús Eucaristía; Señor yo creo pero aumenta mi fe.
 
            Que este sea el compromiso de este día y el resto de nuestra vida, para que nuestras comunidades  tengan vida y vida en abundancia.
 
            Que María que es testimonio de la fe nos ayude y fortalezca con su manto maternal para que profesemos con mucha alegría nuestra fe en el Señor.
Seamos hombres y mujeres que esperen su retorno glorioso, listos para abrir la puerta tan pronto como Él venga y llame, ya que quien llama; sea amigo conocido o extraño desconocido que representa al Señor mismo en persona.
 
 
 
 
 
REFLEXI?N XX DEL DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
"YO HE VENDIO A TRAER FUEGO"
 
            Hermanos hoy la liturgia de este Domingo, nos habla del Seguimiento de Jesús en el compromiso por trabajar todos unidos a Él; hay que entregarse con mucha decisión y coraje. Un verdadero cristiano y cristianismo debe tener ese fuego, ese ardor, ese entusiasmo vital que Jesús trajo a la tierra para hacernos hombres nuevos, cada vez más humanos, más solidarios, más fraternos.
Los cristianos seguimos a Jesús, seguimos su ejemplo, y compartimos esa gran misión aquí en la tierra.
 
            En la primera lectura el profeta Jeremías, desde su experiencia nos plantea los riesgos de vivir la fe con coherencia, sin buscar comodidades y facilidades.
 
             En la segunda lectura, la carta a los Hebreos, es un himno de fe y de esperanza. El Señor abrió el camino y los innumerables testigos de la fe que nos animan a seguir a Cristo.
 
            Lucas, en el evangelio de hoy nos dice que el Señor Jesús nunca disimulo los riesgos de seguirlo. Él es realista en su propuesta vocacional y quiere contagiarnos su pasión por hacer la voluntad del Padre.
Por ello vemos que en el evangelio de hoy contienen tres sentencias de Jesús, que a primera vista, son muy desconcertantes. Tenemos que en:
 
            Primer lugar, Jesús se proclama un incendiario; cabe el preguntarnos ¿de qué incendio nos habla Jesús? Pues Jesús vino a inflamar el mundo con el fuego no del odio, ni el rencor, ni la división, sino más bien el fuego del Amor.
Ese es la clave del mandamiento del cristiano y del resumen de su vida: el amor; es ahí donde está este fuego en el que Jesús desea ver hecha ascuas a su Iglesia y al mundo el amor de "unos a otros". Ante un mundo que se muestra tan frío por la suma de todos nuestros egoísmos, pues nosotros tenemos el privilegio de atizar el mandamiento del amor dentro y fuera de la Iglesia.
 
            Seguidamente Jesús nos habla de su bautismo; víctima de una entrega  filial a su reino de Dios y  al evangelio del amor; por ello todo cristiano tiene que morir al pecado y renacer a una vida nueva; dando muerte a toda clase de pecado, tenemos la vida de fidelidad al evangelio, aunque ello comporte esfuerzos e incluso sufrimientos.
 
            En tercer lugar, Jesús nos desconcierta con esta paradoja: "¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz al mundo? No, sino la división". ¿De qué división nos habla?. Aquí hay que decir que Jesús no quiere la discordia, Éll sólo puede querer la paz y la unión fraterna. Sin embargo, nos anuncia que el mensaje que Él nos ha transmitido y transmite no será aceptado por todos.
El evangelio será para muchos de los hijos, para los egoístas y los corruptos, los lujuriosos, los que explotan a otros, los que sólo se sirven y viven para sí, los avaros: un estorbo inaguantable
 
            Para concluir nuestra reflexión acabaría diciendo: que Jesús es el amigo fiel del camino, la verdad y la vida, que nos trae es la luz, y muchos preferimos las tinieblas pero somos hijos de la luz; Él nos trae la vida y muchos prefieren la muerte.
El hombre es libre y elige lo que quiere; ahí es donde está la inevitable división, gracias a Dios, miles de hombres y mujeres encienden e incendian con su entrega y con su amor al prójimo la exigencia de justicia y fraternidad que proclama Jesús, el aceptar su mensaje de vida y de mucho amor.
 
 
 
 
 
REFLEXIÓN XXI DEL DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
HAY ÚLTIMOS QUE SERÁN PRIMEROS
 
            La preocupación por la propia salvación y la de los demás, ha movido a lo largo de la historia a tantos cristianos, y de manera especial a religiosos y sacerdotes, a entregar su vida al servicio del evangelio. Ese pensamiento ha dejado paso a un deseo de vivir, de disfrutar de la vida.
 
            El miedo a que sean pocos los que se salven ha llevado a entrar por la puerta ancha de la que habla Jesús, porque amplio es el camino que lleva a la perdición (Lc 13,22-30). Surgía así un cristianismo exigente de sacrificio y de renuncia con lo que se quería asegurar la salvación. Jesús insiste sin duda en el esfuerzo que hay que hacer, todos sabemos que en esta vida nada se consigue sin esfuerzo, (se esfuerza el estudiante, el atleta, el alpinista, el profesional, el obrero, etc). El esfuerzo personal es imprescindible, porque también la salvación es una auténtica conquista. La salvación es un don que nos obtuvo Jesucristo muerto y resucitado, pero exige nuestra participación, reclama nuestra responsabilidad
Ante todo quiere sacudir la confianza ingenua de los que piensan que basta pertenecer al pueblo elegido o estar bautizado para tener ya acceso al Reino.
Uno puede llevarse vergüenza de su vida de ver que el Señor no lo reconozca después de haber pasado toda una vida rezándole o sacrificándose por Él.
 
Lo más llamativo es que las puertas del Reino se abren a aquellos que parecían excluidos, a los paganos (Is 66,18-21). Se cumplirá aquello de que los primeros serán los últimos y los últimos los primeros. Entonces ¿qué hay que hacer?: Dejar las seguridades puramente humanas convertirse al Reino. El Reino no se le puede conquistar con la violencia ni con los esfuerzos humanos. Es un don de Dios. Pero hay que saber acogerlo. Para ello hay que vaciarse de sí mismo, dejar todos los títulos de propiedad y presentarse pobre ante Dios. Reconocer que sólo Él nos puede salvar. Pero el Reino no es una realidad abstracta. Es la persona de Jesús, que se hace presente en la vida de la Iglesia y del mundo. Entrar por la puerta estrecha es seguir a Jesús, vivir y encarnar los mismos valores que Él vivió y que le llevaron a la muerte y a la Resurrección.
 
Por eso, las exigencias del Reino son arduas, pero posibles:
  • Vivir el matrimonio con fidelidad, con diálogo siempre renovado y acuerdo creciente.
  • Ejercer una profesión o cualquier otra actividad, con responsabilidad, honestidad y sentido de bien común.
  • Integrarse generosamente en al vida de la Iglesia.
  • Ser siempre fiel a Dios y promover el Reino y su Justicia.
 
No hay Resurrección, no hay salvación, sin esa comunidad de destino con Cristo crucificado. Buscar una gracia barata de garantías puramente humanas es permanecer ante la puerta cerrada por nuestra culpa. En verdad la puerta del Reino está siempre abierta. Quizás nos pasa como al protagonista de Kafka que quiere entrar en la catedral de Praga y encuentra la puerta cerrada. Empuja y empuja en ella sin que ésta ceda. Tras un largo forcejeo se da cuenta de que la puerta abre hacia afuera.  Ese fue el error del pueblo elegido, creer que la puerta se abría tan sólo para los de dentro. La puerta se abre para todos los que están fuera o nosotros creemos que están fuera.
 
Para que no nos pase lo mismo que al pueblo elegido, el Señor nos corrige suavemente (Hb 12,5-13). La Palabra de Dios nos ayuda a volver al verdadero camino cuando nos hemos desviado con  nuestro afán de justificarnos a nosotros mismos. A nadie le gusta admitir que nos hemos equivocado, sobre todo cuando son los demás los que nos lo hacen ver. En este caso es Dios nuestro Padre el que trata de enderezar nuestros pensamientos y nuestros caminos para que no pongamos la confianza en nosotros mismos sino en su gracia que nos salva.
 
La celebración de la Eucaristía mantiene para todos nosotros abierta la puerta de la salvación. Esa puerta es Cristo. Por Él tenemos libre acceso al Padre.
Participar en la Eucaristía es tomar parte ya en el banquete del Reino junto con todas las naciones que Dios ha invitado para manifestar su amor con todos. Alegrémonos porque la salvación es universal y demos gracias a Dios que nos ha llamado sin méritos propios.

 
 
 
REFLEXIÓN DEL XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
"LA HUMILDAD, UN BUIEN LUGAR PARA TODOS"
 
            ¿Cómo miramos a otros, y a nosotros mismos, en relación a ellos? ¿Despreciamos a otros, al menos a alguien, y nos consideramos más importantes, como personas dignas de consideración y de honores?
El mensaje de hoy es claro: En el Reino hay un buen lugar para todos y para cada uno. Si hubiera de haber alguna preferencia, habría de ser para los pobres, los discapacitados, los humildes, ya que Dios les otorga el primer lugar, y son los favoritos de Jesús. El mismo Jesús nos pregunta aquí y ahora: ¿Qué lugar eligen ustedes y qué lugar ceden a los demás?
 
            Este mundo está hecho de escaleras, hay mucha gente que sube y baja, gente que empuja para que otros caigan, y hasta quienes se suben sobre el prójimo para escalar. El discípulo de Cristo ha de hacerse pequeño para ser grande; la humildad y la sencillez han de caracterizar a quienes viven en evangelio.
 
            Tenemos que en la primera lectura tomada del Libro del Eclesiástico, nos dice que el hombre humilde y sencillo agrada más a Dios y a los demás que el propio orgulloso, pues acoge mejor la grandeza de Dios y la debilidad de los hombres.
 
            En la Carta a los Hebreos, en el antiguo testamento, Dios se manifiesta con prodigios maravillosos, en el nuevo testamento se hace cercano en la persona de Jesús.
 
            Hoy en el evangelio Lucas, nos recuerda que quienes alcancen lugares de privilegio a costa del sufrimiento ajeno, de la prepotencia y el orgullo, serán los últimos, los humillados y excluidos.
Por ello la humildad no es algo que este de moda, recordemos el pasaje en que la madre de Santiago y Juan le piden a Jesús que conceda a sus hijos ser parte de su reino, pero Jesús les advirtió: "entre ustedes quien quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos".
Al contrario deberíamos tener una conducta evangélica en base a la humildad y a la acogida, al estilo de Jesús. Puesto que quizás tenemos una idea equivocada de lo que es la humildad.
Debemos ser humildes porque ello responde exactamente a nuestra pequeñez y condición de criatura. Humilde es el que, con sabiduría y mucho realismo reconoce la distancia que lo separa de su Creador. La humildad no es la simulación, ni la ficción, ni la ignorancia del propio valor.
Muy por el contrario, la humildad lleva a un reconocimiento sincero y sencillo de todo cuanto Dios nos ha dado, vivirlo, conocerlo, sentirlo y amarlo con alegría y mucho agradecimiento al Señor de la Vida y ponerlo al servicio de los demás.
 
            Ya que la humildad consiste en el reconocimiento de que Dios es el gran autor de todo bien, de Él proviene todo cuanto tenemos, poseemos y somos.
 
            Terminaría diciendo que el orgullo y la altanería encierran a la persona en una gran soledad nefasta, por ello crean rechazo e invitan al rechazo.
Por el contrario, la humildad acerca, e invita a la confianza que es la puerta de la amistad con Jesús y los demás.
 
            Si queremos que el Señor viva entre nosotros, solo hay un lugar apropiado: el último lugar, el lugar de gente que sabe servir. No cabe pretender ser lo que en realidad no somos. Y ante Dios todos somos pequeños, no podemos reclamar ningún mérito.
 
 
 
 
REFLEXIÓN DEL XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 
"SEGUIR A CRISTO CON TODO"
 
            A primera vista parece contradictorio que, por una parte, Jesús presenta su mensaje e incluso se presenta a sí mismo como una invitación, como una oferta libre que podemos aceptar o rechazar; y, por otra, como una exigencia estricta. El evangelio de hoy derrama luz sobre esta paradoja: Sí, lo que Jesús nos ofrece es un don, y nadie se ve forzado a aceptarlo. Permanecemos libres; pero, si lo aceptamos será exigente con nosotros. Tenemos que poner a Jesús y su Reino por encima incluso de nuestras relaciones y deseos más queridos. Por eso tenemos que pensárnoslo dos veces antes de aceptarlo. Pero hemos de saber que, con Jesús y en virtud de su fuerza, podremos responder a su llamado, por difícil que sea, y que seremos felices.
 
            En la primera lectura del Libro de la Sabiduría; nuestra búsqueda demasiado humana es incapaz de descubrir la voluntad y los planes de Dios, a no ser que Dios mismo nos da las intuiciones interiores de su propia sabiduría. Ya que necesitamos el Espíritu Santo de Sabiduría.
 
            La Palabra de Dios nos aporta toda una visión del mundo, que nos descubre la verdad de Dios y del hombre. Sin esta sabiduría que viene de Dios, el hombre es fácilmente víctima de las ilusiones. El hecho de ser un espíritu encarnado hace que tendamos a razonar de una manera interesada en lo inmediato y en el horizonte de los valores materiales (Sab 9,13-18). Tendemos así a olvidar el horizonte de eternidad en el que vive el hombre.
 
Sólo abriéndonos a la revelación de Dios podemos comprender el misterio que somos cada uno de nosotros y buscar los medios adecuados para realizar nuestra existencia auténtica. Muchas veces tendremos que tomar decisiones dolorosas que comportan una renuncia a realidades que parecen sagradas e intocables. Descubriremos así que el único absoluto en nuestra vida es Dios.
 
            En la segunda lectura el apóstol Pablo en su carta a Filemón; en esta carta, breve pero sensible, Pablo pide a su amigo Filemón que acoja de nuevo a su esclavo fugitivo como recibiría al mismo Pablo. En Cristo, este esclavo se ha vuelto hermano. Pues el anuncio de Jesucristo es libertad y fraternidad; filemón ya no es más esclavo por la fe es un hermano.
 
En el evangelio de hoy Lucas, sacude nuestra mediocridad y nos invita a revisar la calidad de nuestro seguimiento, puesto que no existen cristianos a medias. Jesús fue a la cruz, hasta el fin. La verdadera sabidur?a y prudencia no tienen miedo de arriesgarse a seguir resueltamente a Jesús.  
 
            Las dificultades que hoy día experimenta el cristianismo en las culturas del bienestar no son del todo nuevas. Desde el principio el estilo de vida de los ricos apareció como un gran obstáculo para la fe cristiana. Lucas tiene un gran realismo a la hora de abordar los temas del dinero y de los bienes (Lc 14,25-33). Se ha dado cuenta de los peligros que representan a la hora de seguir a Jesús. El fundamento de la sociedad antigua era la familia y la propiedad. Ambos elementos eran inseparables. Constituúan la base de la libertad personal y eran sagrados. En el mundo antiguo se hereda la religión de los padres como se heredan las propiedades.  El evangelio de Jesús va a cuestionar los cimientos de esa sociedad al relativizar su dimensión religiosa y situárlos ante las exigencias de Dios y del seguimiento de su persona.
 
            Hacerse seguidor de Jesús en los primeros tiempos suponía romper con la familia, perder la herencia, colocarse en unas condiciones sociales bajas. No hay que extrañarse que el miedo a perder esa posición social de bienestar bloqueara la conversión de muchas personas. Seguir a Jesús supone abrazar la cruz, es decir una posición casi de esclavo, que humanamente no tiene nada de atractivo. Nada de extraño que los primeros cristianos en general vinieran de la clase más baja, de los que tenían poco que perder. Es lo que constataba san Pablo. No había muchos aristócratas, ni ricos, ni intelectuales. Por eso no podemos dejar de admirar a las personas de buena posición social que se atrevieron a dar ese paso.
 
            Una de ellas es sin duda Lucas. La tradición hace de él un médico. Lo que no cabe duda es que es una persona de gran cultura, que no se sintió humillado por unirse a un grupo de gente, la mayoría inculta, y por poner sus talentos al servicio del evangelio y de la fe de sus hermanos. Conoce bien la realidad de los ricos y por eso invita a la renuncia de los bienes. Es la única postura sensata del que quiere construir su vida y calcula bien cuáles son sus recursos. No se trata, pues, de un idealismo ingenuo sino del realismo cristiano en la manera de contemplar la persona, la sociedad y el mundo. El hombre sabio intenta adecuar los medios a los fines. Los cálculos necesarios en la construcción o en la guerra son necesarios también en el seguimiento de Cristo.
¿Estamos Decididos a Seguir a Cristo?
 
LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
LECTURAS 
Nm 21,4-9
Sal 77
Flp 2,6-11
Jn 3,113-17
 
I.  ALGUNAS INDICACIONES
1. "...¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto?... estamos hartos de esta comida miserable" (Nm 21,4-9). Siempre la misma queja, siempre la misma dificultad de asumir la vida que nos toca, con sus tonos grises y sus contradicciones. Creo que, en términos generales, no se tiene claro lo que es la murmuración y lo que esto supone, tanto en nuestra relación con Dios como con el prójimo. Muchos se creen con el derecho y la autoridad de hacer sus comentarios sobre otras personas, denigrando, menospreciando y hasta calumniando, con una tranquilidad asombrosa; pero ellos mismos, no quieren admitir que a tal acción sin misericordia Dios le llama el pecado de la murmuración, el cual tiene graves consecuencias.
 
Cuando se toca a una persona para hablar mal sobre ella, está saliendo a relucir la falta de integridad y de amor de aquel que murmura. El que se respeta y se estima a sí mismo considera a los demás en esa misma dimensión. Recurre a ese mal y feo hábito el que se tiene poca estima, y juzga y condena, acarreando para sí mismo(a) condenación. 
 
Es la murmuración la plaga de los grupos y la que ataca en forma directa la unidad de los mismos; sea en la familia, en el trabajo, en el vecindario, en las diferentes organizaciones, y hasta en la iglesia. Algo así pasa en el pueblo de Israel, casi al finalizar su etapa del desierto; la queja es contra Dios y Moisés su vocero. Pero, cuál es la queja: veamos en qué consiste.
1. "No hay agua"
2. "Tenemos fastidio de este pan liviano" (la palabra "fastidio" es fuerte. Significa "odiar". Estaban diciendo "aborrecemos este pan")
 
Encontramos acá  dos problemas:
1. No se fijaron en las bendiciones (habían sido librados de la esclavitud - Es mejor comer pan y galletas libres, que pertenecer a otro y comer carne) la promesa de la tierra de promesa - tierra donde fluye leche y miel. Los israelitas solamente se quedaron en el aspecto material y pasajero de las cosas.
2. El segundo problema fue que no confiaron en Dios,  y eso que tuvieron razón para confiar: ¿Cuánto Dios había hecho para ellos anteriormente?, pero recordemos que el hombre es olvidadizo
 
El pecado de la murmuración Nos aleja de Dios, de hermanos y de la felicidad, esto acarrea un castigo  Fuerte: Serpientes muy peligrosas, "de las llamadas ardientes", cuyas mordeduras eran fatales para la gente.
Ahora, es interesante fijarse en como Dios usá algo tan fuerte para castigar a su pueblo. Pero este castigo no es sino para despertar en el pueblo la conciencia de su falta y de esa manera promover el arrepentimiento. Ante esto, cabe preguntarse: ¿Qué hace el ser humano cuando tiene problemas?, la respuesta la sabemos todos, alza los ojos a Dios y busca su perdón y misericordia. Ese es el propósito del castigo: producir el arrepentimiento

Dios proveyó una forma para sanar las heridas: La serpiente de Bronce, levantada en un asta
Pero ellos tuvieron que hacer algo: mirar la serpiente. Ahora, la curación viene por pura  gracia de Dios...
Pero eso implica que ellos eleven su mirada hacia donde estaba erigida la imagen de la serpiente.
Esta imagen es un anticipo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
 
 
2. "No hizo alarde de su categorÍa de Dios" (Fil 2,6) ¡Con lo que a nosotros nos gusta distinguirnos, separarnos, encumbrarnos! Aquel que "era de condición divina", en cambio, "tomó la condición de esclavo y se comportó como un hombre cualquiera". Nada le fue ahorrado de la común condición humana, que asumió hasta la muerte. Esta profunda comunión con nosotros es lo que hace a Jesús tan entrañable y tan próximo a cada uno de nosotros. En este "rebajamiento", que culmina en la cruz, está el camino de su "levantamiento" como Señor. Por ello la cruz es la señal del cristiano; por ello Pablo no conoce sino a Jesucristo, y éste crucificado (1Co 2,2); por ello insiste la primera carta de Juan: "Jesús ha venido por el agua y por la sangre: No solamente en el agua, sino en el agua y en la sangre" (5,6). Así se nos ha manifestado el Hijo de Dios. Y Él -y sólo ?l- es el único Señor. Por eso cada cristiano, cada hombre y mujer, cada persona ha de proclamar a Jesús como Señor.
 
No cabe murmurar, no cabe comentar, no caben chismes; el cristiano no ha de vivir la experiencia del pueblo de Israel, que murmuró en el desierto contra Dios y contra Moisés, sino que ha de proclamar la victoria de Cristo, y esa victoria que se da desde la Cruz. Así hemos de controlar nuestra lengua, que por más pequeña que sea puede ocasionar grandes problemas, (Santg 3,5) 
Filp 2:14-16 "Hagan todo sin murmuraciones y contiendas, para que sean  irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa,  en medio de la cual resplandecen como luminares en el mundo"
 
 
3. Tanto amó Dios al mundo... (Jn 3,13-17). El amor es comunicación y donación. Jesús, el hijo único, es el gran don de Dios al mundo: tan grande, que establece una comunicación con nosotros; tan grande, que asume incluso esa realidad dura, escandalosa, inexplicable, que es el sufrimiento y la muerte. Dios no "explica", no "resuelve", esos misterios escandalosos: Dios los hace suyos, los asume, los hace -en Jesús- carne de su carne y sangre de su sangre. Desde entonces hacemos nuestra vida acompañados. Dios no condena; Dios salva: la cruz es expresión del amor salvador de Dios. No temamos mirar de frente a Jesús clavado en cruz y exclamar como san Pablo: Estoy seguro de que nada ni nadie "podrá separarnos del amor de Dios que se nos ha manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rm 8, 39). Y con san Pablo también decir: "Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría,  nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles?" (1Co 1,17-23)
 
San Juan Crisóstomo, cuya fiesta se celebra un día antes de la Exaltación de la Santa Cruz, y justamente en la Elevación de la Cruz, nos dice: "De cuantos bienes se hizo culpable para nosotros la cruz de Cristo, con la fuerza del Crucificado sobre ella hizo tantos cambios. ella se tornó para nosotros no causa de sufrimientos, sino la liberación de sufrimientos. La cruz es la salvación de la Iglesia. La cruz  es la liberación nuestra de los males que nos aprisionaban y el comienzo de los bienes que nos fueron otorgados, la cruz es la reconciliación con Dios de sus enemigos y la conversión a Cristo de los pecadores. Con la cruz estamos liberados de la violencia del diablo y con la cruz estamos salvados de la muerte y perdición. La cruz unió a los hombres con los Ángeles, haciendo su naturaleza ajena a toda corrupción y ofreciendo la posibilidad de llevar una vida incorrupta. Antes de la cruz estuvimos ajenos al paraíso, en cambio con la aparición de la cruz en seguida el ladrón fue hecho digno del paraíso. ¡O, gran fuerza de la Cruz! De tales tinieblas la cruz nos llevó hacia la luz sin ocaso, de la muerte nos llamó a la vida eterna, de la corrupción nos hizo renacer a la incorruptibilidad. En realidad, ¿qué bien recibimos no de la cruz, qué gracia nos es otorgada no a través de la cruz?.. Cristo pende de la cruz, y el diablo es muerto; Cristo es clavado a la cruz y toda alma es liberada de lazos" (Palabra para la Elevaci?n de la cruz, VIII)
 
Como dice San Atanasio el Grande "solo sobre la cruz se puede morir con los brazos abiertos" (Sobre la encarnación 25), es decir Cristo muere en la Cruz para redimirnos a todos sin exclusión y para salvarnos de todo los pecados, destruyendo con su muerte todo obstáculo y unificando así a toda la humanidad, (Ef. 2,14)
 
Ese es pues el Amor más grande de Dios por nosotros, pues aun siendo pecadores, Él nos ha devuelto la gracia.
 
 
 
II.  MENSAJE
El cristianismo es un mensaje de amor. Entonces, ¿Por qué entonces exaltar la Cruz?. Además la Resurrección, (más que la Cruz), da sentido a nuestra vida.
 
Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también.
 
La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.
 
Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.
 
Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque Él quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).
 
En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz. Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.
 
Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega.
 
"Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía" (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido -la madurez adquirida en el dolor- no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya.
 
La Cruz aceptada - no la buscada - tiene un gran valor... Dijo una ostra a otra ostra: "Siento un gran dolor dentro de mó. Es pesado y redondo y me lastima". Y la otra ostra replicó con arrogancia: "Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro de mí. Me siento bien e intacta". Un cangrejo que pasaba por allí las escuchó y dijo a la que estaba bien e intacta: "Sí, te sientes bien, pero el dolor de la otra es una hermosa perla".
 
Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.